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blog de oniric: Costumbres peligrosas

blog de oniric

jueves, mayo 05, 2005

Costumbres peligrosas

Madrid es una ciudad sin grandes cuestas. Vigo, en cambio, es una pura cuesta. Hay que meditarlo antes de salir y prever que tras cualquier descenso alegre, habrá que desandar el camino, con sentimiento inverso.
Yo vivo en Madrid. No hace mucho tuve que ir a Vigo con mi hija de dos años. Eso significa un carrito, pues un crío de dos años camina poco y camina para dónde le parece bien, que casi nunca coincide con el lugar al que tú te diriges.
Tras el incidente normal en cualquier vuelo, es decir: pérdida de carrito - a pesar de que las azafatas estuvieron a punto de jurar sobre la Bibilia que si lo dejaba en el finger me lo meterían en el avión y me lo devolverían al llegar, pues yo no quería separarme de él de ninguna manera, ante la aterradora previsión de tener que llevar en brazos aquella cosa de quince quilos por las escarpadas aceras de la ciudad- y, afortunadamente, posterior reencuentro con el imprescindible, si bien aborrecible, cacharro.
Y digo aborrecible, perdón por el meandro en la narración, sí aborrecible, odioso, engorroso, por que esos dichosos inventos, pesan, se encallan, se atascan y producen sentimientos tan maternales y tiernos como querer pegarle una brutal patada que lo envíe directamente a un vertedero, y tengo que decirlo, tengo que decirlo, señores fabricantes, para que se enteren de una puñetera vez de que lo hacen ustedes fatal y amargan la vida de los esperanzados e ilusionados padres y, por ende, de la naciente personita.
Pues iba yo diciendo que, ya en Vigo, paseé con mi carrito, con peligro de perderlo en las bajadas y con peligro en las subidas de desmayarme yo, y que el artilugio me pasara por encima con el bebé viviendo la emocionante experiencia de la velocidad sin control.
Departí y paseé con amigos, por aquí y por allá, hasta que llegó el triste momento de la despedida. Yo con una bolsa de equipaje en una mano, y en la otra el carrito. Sonreí feliz y solté el carrito para dar los besos, cuando oí un ligero murmullo y entreví caras de preocupados y sorprendidos viandantes.
La prudencia me aconsejó volverme y he aquí que tuve tiempo de ver como el carrito se deslizaba alegremente cuesta abajo hacia un árbol y, sin que me diera tiempo a nada, se escoraba allí, dejando a mi querido bebé abrazado fuertemente a él. Y es que yo, amigos, vivo en Madrid, y aquí, generalmente, no hace falta poner los frenos cuando sueltas el cochecito del diablo.
No quiero ni pensar la de bebés de los Países Bajos que habrán abrazado los árboles y besado las paredes de otros lugares más accidentados.

3 Comments:

  • At 8:15 a. m., Blogger Rapunzell said…

    Ya veo que entrebnas a tu descendencia desde la más tierna infancia para acostumbrarse a la cuesta de la vida XDDD

     
  • At 9:54 p. m., Blogger vomistar said…

    Gracias por tu visita, y gracias por tu comentario. Y bonito blog el tuyo.

     
  • At 9:56 p. m., Blogger vomistar said…

    http://movistar.blogspot.com/

     

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